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EL “PELÉ” DEL MICROTRÁFICO: INTENTÓ TIRAR MARIHUANA A LA CÁRCEL DE ALTO BONITO Y TERMINÓ ADENTRO POR DESOBEDECER AL JUEZ

Un hábil lanzador de 19 años quería abastecer a la población penal usando un envase como proyectil táctico, pero tenía menos puntería que escopeta de feria. Carabineros de Mirasol lo pilló con las manos en la masa y, para colmo del chiste, el sujeto tenía prohibido por ley acercarse a la pandereta del recinto.

PUERTO MONTT.– El mercado del delivery se está poniendo cada vez más competitivo en la capital regional, al punto de que algunos “emprendedores” arriesgan el físico y la libertad con tal de cumplir con sus clientes más fieles. Durante la madrugada de este miércoles 27 de mayo, un joven de 19 años decidió que era una excelente idea transformarse en el puntero izquierdo del microtráfico local, montando un operativo de lanzamiento de encomiendas ilegales directo hacia los patios del Complejo Penitenciario Alto Bonito.

La jugada maestra comenzó a desmoronarse cuando los gendarmes del recinto miraron las cámaras y notaron que afuera había un grupo de peloteros intentando meter “goles” de dudosa procedencia por sobre los muros perimetrales. Tras dar el aviso de urgencia, los efectivos de la 7ª Comisaría Mirasol armaron un plan candado express y emboscaron a un automóvil sospechoso con tres ocupantes justo en la calle El Refugio, en las inmediaciones de la población Bosquemar.

Un envase volador y el olvido judicial

Al bajar a los pasajeros para el respectivo cacheo de rutina, los uniformados le encontraron al joyita de iniciales M.A.T.H. un arsenal de alta tecnología para el hampa: un teléfono celular y un curioso envase plástico relleno con una generosa cantidad de una sustancia vegetal verde que, tras el test científico, arrojó positivo para la siempre cotizada cannabis sativa. El envase no era para guardar colaciones, sino el proyectil perfecto diseñado para resistir el impacto tras volar por los aires sobre las concertinas de seguridad.

Sin embargo, el verdadero broche de oro de la jornada llegó cuando los verdes metieron el rut del lanzador al sistema operativo. Para sorpresa de nadie, el genio mantenía una orden judicial vigente que le prohibía terminantemente acercarse al sector posterior de la cárcel. Es decir, el cabrito fue a delinquir exactamente al único lugar del planeta Tierra donde un juez le había dicho que no podía pararse. Con esta brillante maniobra, el imputado sumó el delito de desacato a la Ley 20.000 de drogas, ganándose un pasaje directo y sin escalas al Ministerio Público para que esta vez sí aprenda a respetar los perímetros.


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