CAMBIO DE GABINETE PRESIDENCIAL: CUANDO EL EQUIPO TITULAR DURÓ MENOS QUE YOGURT ABIERTO
Apenas alcanzaron a aprenderse el camino dónde quedaba el baño de La Moneda y les dieron la PLR y cambio en el equipo.
El gobierno de José Antonio Kast decidió hacer su primer ajuste ministerial a solo 69 días de iniciado el mandato, logrando una hazaña administrativa inédita: romper el récord del cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia. Porque nada transmite más confianza que remodelar la cocina antes de terminar de instalar el refrigerador.
Las principales damnificadas fueron Trinidad Steinert y Mara Sedini, quienes abandonaron el gabinete después de semanas donde la seguridad pública y las comunicaciones del Ejecutivo parecían una competencia entre incendios políticos y conferencias desafortunadas.
En reemplazo llegó Martín Arrau a intentar que el tema seguridad deje de parecer capítulo repetido de alarma ciudadana, mientras Claudio Alvarado asumió como una especie de “2×1 ministerial”: Interior y vocería al mismo tiempo. Porque si algo necesitaba el gobierno era menos ministros… y más multitasking.
La nueva estructura además incorpora “biministros”, fórmula inspirada aparentemente en la lógica de las promociones de supermercado: lleve dos carteras y pague uno. Así, Louis de Grange quedó a cargo de Obras Públicas y Transportes, consolidando oficialmente el concepto de “hacer rendir el personal”.
Desde distintos sectores políticos ya comenzaron los análisis. Algunos dicen que el ajuste demuestra capacidad de reacción. Otros sostienen que, si el primer cambio llega antes de los 70 días, más que gabinete esto parece temporada piloto de una serie que todavía no encuentra elenco definitivo.
Mientras tanto, en Palacio aseguran que ahora sí viene “la etapa de consolidación”, frase tradicional chilena que históricamente antecede a nuevos problemas, nuevos voceros y eventualmente nuevos cambios de gabinete.
El récord anterior de rapidez pertenecía al primer gobierno de Michelle Bachelet, pero el actual Ejecutivo decidió no dejar espacio para dudas y pulverizó la marca.
Porque en Chile las tradiciones republicanas se respetan… excepto cuando hay encuestas de por medio.
